Aunque muchas personas se preocupan por el llamado “mal de ojo”, a menudo descuidan la salud visual. El glaucoma es una enfermedad ocular silenciosa que puede provocar ceguera, ya que, a diferencia de otros padecimientos como el ojo seco, no suele presentar señales en sus primeras etapas.
Por esta razón, los especialistas recomiendan realizar revisiones oftalmológicas de forma periódica. Se estima que cerca del 90 por ciento de los casos de ceguera causados por glaucoma podrían prevenirse si la enfermedad se detecta a tiempo.
A nivel mundial, alrededor de 80 millones de personas viven con esta afección. Aunque los tratamientos disponibles generalmente buscan detener o ralentizar su avance, algunas innovaciones médicas, como la tecnología Eyetronic, ofrecen la posibilidad de recuperar parte de la visión.
La oftalmóloga especialista en glaucoma, Lucía Rial, explicó que estas nuevas terapias abren la puerta a replantear la idea de que se trata de una enfermedad completamente irreversible.
“Este tipo de tecnología permite trabajar sobre células dañadas con la finalidad de mejorar aspectos como el campo visual, la agudeza visual, el contraste y, en general, la calidad de vida del paciente”, señaló.
¿Qué es el glaucoma?
El glaucoma es una enfermedad crónica caracterizada por el aumento de la presión dentro del ojo, lo que provoca daño progresivo en el nervio óptico y, como consecuencia, una reducción gradual del campo visual.
Este incremento de presión se debe al mal funcionamiento en el drenaje del humor acuoso, el líquido que se produce dentro del ojo. Existen dos tipos principales de glaucoma: el de ángulo abierto, que avanza lentamente y sin síntomas al inicio, siendo el más frecuente.
Por otro lado, el glaucoma de ángulo cerrado se presenta de manera repentina y con síntomas intensos como dolor ocular y visión borrosa, por lo que se considera una urgencia médica.
¿Cuáles son los síntomas del glaucoma?
En sus primeras fases, el glaucoma generalmente no presenta signos claros. Los síntomas suelen aparecer cuando el daño en el ojo ya es considerable, incluso cuando hasta el 40 por ciento del campo visual puede estar afectado.
Cuando ocurre un ataque agudo de glaucoma, las personas pueden experimentar dolor ocular intenso y pérdida repentina de la visión.
Otros signos que pueden presentarse incluyen enrojecimiento en los ojos, percepción de halos o destellos alrededor de las luces, así como náuseas y vómitos.
¿Qué tratamientos existen para el glaucoma?
Aunque no existe una cura definitiva, hay tratamientos que ayudan a frenar el avance de la enfermedad. Entre los más comunes se encuentran el uso de gotas oftálmicas, procedimientos con láser y cirugía.
Uno de los tratamientos más utilizados es el láser SLT, indicado para pacientes con glaucoma de ángulo abierto o con hipertensión ocular. Este procedimiento ayuda a reducir la presión dentro del ojo.
El láser actúa en la zona por donde drena el líquido ocular, mejorando su funcionamiento y facilitando la salida del humor acuoso que se produce dentro del ojo para nutrir estructuras como la córnea y el cristalino.
En las personas con glaucoma, este líquido no se drena adecuadamente, lo que genera el aumento de presión.
El tratamiento con láser es rápido, no provoca dolor y se realiza de forma ambulatoria. Generalmente dura alrededor de diez minutos y suele ofrecer una recuperación favorable. En contraste, algunos tratamientos con gotas pueden provocar efectos secundarios en ciertos pacientes.