Un turista español se encuentra en el centro de la controversia luego de que se viralizara un video en el que se le ve verter cerveza en la trompa de un elefante en un santuario de vida silvestre en Kenia. El incidente, ocurrido en la reserva Ol Jogi, ubicada en el condado de Laikipia, provocó reacciones inmediatas en redes sociales y ha sido objeto de una investigación por parte del Kenya Wildlife Service (KWS).
En el video, que ha sido eliminado, el hombre, que sostiene una lata de Tusker, una cerveza local, vierte el contenido en la trompa de un elefante macho, mientras hace un comentario en tono burlón: “Just a tusker with a tusked friend” (Solo un elefante con un amigo con colmillos). Este gesto fue interpretado como una falta de respeto hacia el animal y un acto irresponsable hacia la conservación de especies.
La reserva Ol Jogi no tardó en condenar el acto, calificándolo como “inaceptable, peligrosa y completamente contraria a nuestros valores”. Un miembro del personal, identificado como Frank, expresó: “Esto nunca debió suceder. Somos un centro de conservación y no podemos permitir que ocurra algo así. Ni siquiera permitimos que las personas se acerquen a los elefantes”.
El elefante en cuestión ha sido identificado como Bupa, un macho de colmillos largos que fue rescatado en 1989 de una matanza masiva de elefantes en Zimbabue. Desde entonces, ha servido como un embajador de la conservación en Ol Jogi. La reserva subrayó que situaciones como esta se toman “extremadamente en serio”, ya que este tipo de interacción con los animales puede ser perjudicial tanto para ellos como para la percepción global de las prácticas de conservación.
El mismo turista fue grabado en otro video, también eliminado, alimentando elefantes con zanahorias, mientras afirmaba: “Estamos en tiempo de cerveza”. Además, se difundieron grabaciones de él en la reserva Ol Pejeta, alimentando rinocerontes a mano, lo que según los responsables del parque, constituye una clara violación de las reglas de seguridad. Dylan Habil, de Ol Pejeta, comentó: “No debía tocar a los rinocerontes. No son mascotas”.
El turista, quien se describe a sí mismo como un "adicto a la adrenalina" en sus redes sociales, no usa su nombre real en sus cuentas públicas. A pesar de la controversia, su identidad sigue siendo en gran parte desconocida, pero los expertos en conservación y defensores de la vida silvestre han advertido que este tipo de acciones virales pueden inducir comportamientos dañinos y malinterpretaciones globales sobre cómo interactuar con los animales salvajes.